Un esfuerzo de poesía*Por Jacques-Alain Miller
Reencantar al mundo, ¿no es esto lo que acontece en cada sesión de psicoanálisis? En una sesión de análisis nos abstenemos de cualquier evaluación de utilidad directa.
La verdad es que no se sabe para qué sirve. Nos contamos cosas, escribimos un capítulo de nuestra autobiografía. O, más bien, la contamos, la narramos. Es una auto-bionarración con su dimensión de autoficción. Cada sesión de análisis, con lo que comporta de contingencia, de azar y de miseria, afirma, sin embargo, que lo que yo vivo vale para ser dicho. Una sesión de análisis no es nada. Es tomada sobre el curso de la existencia. En ella formulamos lo que podemos; asfixiados como estamos, se destaca una hora para poder hablar, antes de ser inmediatamente retomados por el ritmo de la existencia. Por poco que sea, una sesión de análisis está ahí para desmentir el principio de utilidad directa. Es la fe dada a una utilidad indirecta, una utilidad misteriosa, una causalidad que tendríamos problemas para detallar, de la cual ignoramos por qué canales pasa, pero que se impone.
Una sesión de análisis es siempre un esfuerzo de poesía, una playa de poesía, que el sujeto se procura en su existencia, la suya, gobernada por la utilidad directa. La poesía que acontece bajo la forma de una sesión de análisis quiere decir que yo no me preocupo de la exactitud, de la conformidad de lo que digo o de lo que quiero transmitir. La sesión de análisis es un lugar donde el sujeto puede descuidar la búsqueda de lo que es común y concentrarse sobre lo que le es propio y sólo le ocurre a él. El sujeto no habla al analista, sino a "mi analista". A ese, a uno extraído de la multitud. Tiene con él ese vínculo que es la lengua. Si la lengua es de todos, el destinatario es único. El analista no es irremplazable pero es Uno que está ahí para asentir. Es eso lo que hace fundamentalmente. Acoge y dice sí. Da acuse de recibo en el nombre de la humanidad, en el nombre de los que hablan. Una sesión de análisis es como un paréntesis, nada más, pero nada menos. Un paréntesis en la experiencia minutada del sujeto contemporáneo, ese sujeto destinado a la utilidad directa. La sesión analítica es una playa de goce sustraída a la ley del mundo, que también permite a esa ley del mundo ejercer su reino, procurándola un relevo, un respiro, un salto en el camino, mientras que prosigue esa extracción incansable de plusvalía que justifica, eso creemos, que existimos.
*Extracto del curso de Jacques-Alain Miller,
"La orientación lacaniana III".
5 de marzo de 2003. Traducción Carmen Cuñat.
Jacques-Alain Miller es director del Departamento de psicoanálisis de la universidad de París VIII, fue delegado general de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Actualmente coordina un movimiento en Francia para la supervivencia del psicoanálisis ante los embates del estado en materia de salud.