lunes, diciembre 14, 2015

Hace 3 años



Hace 3 años obtuve el Segundo Lugar del Premio Cuauhtémoc Moctezuma en la categoría crónica por el texto La Utopía Cívica del conocimiento

jueves, diciembre 10, 2015

Las monjas coronadas de Toño Álvarez Morán






Antonio Álvarez Morán recuerda que desde la década de los sesenta se interesó por el misterio de los cilicios y las coronas de espinas.

Después de su farándula cubista y de su Santo Niño Doctorcito, el artista poblano concibió su proyecto “Engaño Colorido”, inspirado en su interés adolescente por el arte religioso novohispano en una reinterpretación.

La muestra se divide en retratos de monjas coronadas y en una serie de ensamblajes o retratos territorios, collages tridimensionales donde cada detalle remite a la historia conventual de las monjas de Puebla.

La facilidad con que Álvarez Morán transita de Lin May a Santa Teresa de Ávila expresa su fascinación por las mujeres en modelos aparentemente contradictorios pero al mismo tiempo similares: mujeres libertarias desatándose de la moral tradicional.

El trabajo del profesor de la UDLAP puede observarse en la muestra Interescción Cuatro en la que participan Joaquín Conde, Carlos Arias y Sergio G. Angulo A., muestra que permanecerá hasta el próximo domingo 5 de mayo en la Capilla de Arte de la UDLAP, ubicada en la 2 Norte 6, abierta de martes a domingo en horario de 11 a 19 horas.

***
—¿Cómo surgió este trabajo?

—Lo concebí en 2010. Pero mucho antes había habido chispazos en que aparece el tema. Lo primero que hago fue una serie de dibujos que hice cuando era adolescente, inspirados en el convento de Santa Mónica. Siempre me pareció un lugar misterioso y fascinante. No puedo explicar. No un sentimiento religioso. Empiezo en la cuestión religiosa por el arte; no se puede desligar la religión de la pintura. En Santa Mónica, inquieto, buscando cosas nuevas, hice algunos dibujos, no fueron académicos, yo me inicié de manera autodidacta, era fantaseando sobre estos temas, los cilicios, las coronas de espinas, que producían sentimientos ambiguos.

—¿Cómo se transita de la Farándula Cubista a esta muestra que reinterpreta el arte religioso?

—Había terminado lo de Farándula Cubista, me empieza a llamar la atención. Le doy forma, lo escribo, lo propongo como beca al Fonca por 3 años consecutivos y no tiene éxito como tal, yo lo hago de todas maneras, es un tema comprensible que no se aprobara, la religión es un tema tabú en el círculo de arte contemporáneo. Piensan que uno es mocho, como que no lo entienden y lo rechazan. Creo que es por ahí. En la UDLAP encuentro cierto apoyo. 

Me dan un semestre sabático de desarrollo profesional. Puedo dedicarle todo el tiempo a este proyecto. Me llevó más de un semestre. El proyecto se llama Engaño Colorido, hace referencia al soneto de Sor Juana, donde escribe sobre el retrato que le hace Miguel Cabrera.
”En ese soneto hace referencia a la pintura, un proyecto de pintura, de representación y monjas.

”En el proyecto propongo dos series de obras: una que es retratos de retratos de monjas coronadas, tomo en el tema de los retratos las pinturas de monjas. No estrictamente el personaje, sino la pintura del personaje. No se trata de copiar las pinturas. Se trata de hacer una reinterpretación. Una reconstrucción del personaje a través del mismo cuadro. Los retratos de monjas coronadas son retratos del siglo XVII y XVIII, son retratos que profesaban y la familia encargaba un retrato, hay algunos anónimos, eran como el recuerdo que quedaba de la mujer en la familia.

”Ellas se iban a encerrar a un lugar para toda la vida. Estos retratos se ataviaban de manera muy especial: coronas, velas.
”Hay todo un ajuar característico de las monjas coronadas dependiendo de las ordenes. Estos cuadros para mí son fascinantes. Los tomo como tema y empiezo a trabajar con ellas. Otra característica son las cartelas o filacterias, es un recurso muy socorrido de la pintura colonial. Empiezo a trabajar con estos textos alterándolos. No hay una irreverencia pero sí hay cierta libertad.”

—¿Cuál es la otra parte de la muestra?

—Los retratos territorios de monjas santas. A diferencia de los retratos de retratos. La técnica a diferencia de los retratos es principalmente óleo sobre tela, aunque hay ciertas aplicaciones, se vuelve tridimensional. Es ensamblaje, todavía es un cuadro, hay cierta profundidad hay objetos incorporados a la composición. El tema principal es la monja santa. Hay una serie de referencias acerca de ella y acerca de los conventos de las órdenes que ellas fundaron y conventos de Puebla.

”Por ejemplo, Santa Teresa está vinculada al convento de San José y Santa Teresa.”

—¿Cuál fue el proceso de elaboración de la obra?

—No surgió de repente. Hice mucha investigación. De los ensamblajes, de los retratos territorios, hay mucho detalle, cada foto, cada detalle tiene una justificación histórica o artística. Puedes observar la obra sin saber nada y lo puedes disfrutar pero sí me interesa que se sepa porque las cosas están ahí. 

Escribí una guía para estos cuadros, tú puedes saber qué quiere decir esa muela en el ensamblaje; ah, pues la muela de Santa Teresa está en Roma; me interesa que la gente las pueda tener porque ayuda a apreciar la obra, no es una bola de cosas que de repente pego esto y esto y ya acabé, sino que cada cosa está hecha con un propósito y tiene que decir algo determinado y tiene que ver con algo real, a veces la interpretación podría ser más arbitraria o chusca; en el caso de Santa Teresa de Ávila tengo una santita de una lotería que salió hace muchos años.

”La mayoría de estos objetos que están ahí pegados son objetos antiguos, antiguos del siglo pasado, de principios del siglo pasado, muchas cosas que eran de mi familia que yo he rescatado y guardado.”

—¿De los misales y esas cosas?

—Todavía sigo ahí buscando cosas, son cosas que me llegaron de herencia, salvadas, a nadie de mi generación le interesaba eso, si yo no lo guardo estaría en la basura, mucho de eso lo he guardado qué hacer con eso, ahora estoy dándole salida a través de la obra un poco preservando este material.

”Por ejemplo está la lotería de un Topogigio vestido de astronauta, en la mano le pegué un pequeño escapulario de la Virgen del Carmen, el caso es que en 1969, salen el día de la Virgen del Carmen el 16 de julio, las monjas, la virgen del Carmen de las teresianas, y uno de los astronautas resultó que era católico. Pero entre las cosas lleva una cajita de tiempo, entre las cosas que llevaron hay una imagen de la Virgen del Carmen.”

—¿La Virgen del Carmen está enterrada en la Luna?

—Ellas están emocionadísimas que va a suceder. Y piden que les presten una televisión que quisieran ver ese gran adelanto del hombre a la Luna, les prestan una tele, hincadas ante la tele rezando el rosario, fue de gran emoción para ellas.

”Ellas escriben una carta a la NASA explicando toda su emoción. No reciben respuesta hasta después pero les mandan una foto de los astronautas, autografiada para las monjas poblanas. Les han querido comprar la foto pero es de gran valor para ellas.

”Cada detalle que hay en la obra tiene una historia, a veces más complejas, hace referencia a las monjas poblanas o a la hagiografía de la santa, a los datos históricos de su vida. Es toda una referencia histórica.”

—¿Está construido de manera muy minuciosa?

—Y también hace referencia a las llamadas cajas de curiosidades que son estos objetos que hacían mucho las monjas. Creo que ya no las hacen. En Santa Mónica les pegaban borreguitos del nacimiento, florecitas, huesitos, todos unos ensamblajes muy detallados y cuidadosos que hacían las mismas monjas, es una de sus características, que tienes paciencia de monjas, son capaces de pelar 400 nueces para chiles en nogada, que hacen cosas laboriosas.

”La razón por la que una mujer decide ser monja es muy variable.

”Cada caso puede ser diferente. Desde que las obligan o que quedó embarazada, o que era muy bonita, la meten al convento, o una decisión personal, y lo que veo mucho, que sí fue algo frecuente, que era una manera de liberarse de los esquemas establecidos. No había muchas opciones en los siglos XVII y XVIII. O te casas o te vas de monja, muchas mujeres no querían el esposo, la familia, un montón de hijos, un señor que ni querían, fue una opción más que manifiesta cierta libertad.

”Como en el mismo caso de las vedettes, en los dos casos son mujeres y también son mujeres fuera del esquema tradicional. Las vedettes son perdidas, no son mujeres fieles de un hombre, son mujeres moralmente mucho más libres, sin miedo a desvestirse en público como que se salen del esquema de la mujer tradicional pero también en las monjas se puede ver esto, en otro sentido diferente.

”Es curioso que el cuaderno donde hice los 100 dibujos de monjas, el cuaderno es un cuaderno muy bonito que me habían regalado y lo tenía ahí. Lo último que hice de Farándula Cubista fue una vez que se arregló una cita con los de ‘Tabú Latinoamérica’ de Nat Geo por un amigo, Julio Glockner, quieren hacer una entrevista con Lin May, que hiciste un proyecto con ella. Lo último que fue hace algunos años, en el 2010 vino, la trajeron a mi estudio a Puebla, como es Lin May el éxito mediático me tocó de refilón. Se llama ‘Belleza Extrema’ el programa de Tabú. Hicimos todo un día de grabaciones y en una de esas la dibujé. Fue muy emocionante porque nunca la había pintado en vivo. 

”Hice un dibujo en un cuaderno, un par de apuntes rápidos, fue el primer dibujo que hice en este cuaderno, lo guarde cuando inicié el proyecto de las monjas, tomé ese cuaderno. De alguna manera ahí conecto las dos series que inaugura Lin May, aparece como monja en una película, en Tiboli. Hay una escena en Tiboli irreverente. Es la primera película donde actúa Lin May. De repente salen todas las vedettes vestidas de monjas cantando el Ave María, terminan de cantar y se voltean y tienen descubierto el trasero.


”Los hábitos tienen cortado un agujero y se les ven las nalgas; es muy chusca la escena dada la solemnidad primera.”

sábado, diciembre 05, 2015

La cultura en Puebla



Estas son algunos textos sobre cultura local:

Muestra de profesores en el museo del Tec de Monterrey



Entrevista a la poeta, Amaranta Guadalupe Méndez Castro

Texto sobre exposición de la fotógrafa, Daniela González Cruz.

La novela negra de William C. Gordon

Los lectores quieren series bien hechas: Pedro Ángel Palou

El futbol refleja lo podrido del país: Pedro Ángel Palou

Paco Ignacio Taibo II reivindica la ideología revolucionaria

Ni el gobierno ni las televisoras nos pueden imponer sus miradas

Fernando Savater en la Palafoxiana

Imagenes urbanas













Sobre el Aria de Giacomo


Una resena de Aldo Baez sobre el libro El Aria de Giacomo


Letras al Vuelo


Aldo Báez


No es casi literatura, es crónica periodística
O. Paz
El género resulta irrelevante cuando lo importante es decir algo. Varia invención señalaba el maestro Juan José Arreola. El hombre que escribe debe reconocer dos cosas. Primero que su materia que es la lengua debe cuidarse, sin caer en aquella cursilería sobre que escribir bien aproxima la condición poética a los textos, excepto si cargas de ironía a la escritura, puede acontecer. La condición poética es el acto creativo en sí mismo. Y cuando esta condición se revela, el escritor sabe que está solo, que su canto es irremediablemente un aria. El aire da sobre el rostro para delinearlo y de esa manera lo reconozcan, pero aún así se está solo. Un canto entonado y solitario. Asimismo, si desde esta revelación decides reflexionar sobre las cosas, los hombres y los filósofos, no es necesariamente filosofía. Sin embargo algunas preocupaciones al exponerlas pueden crear un atmósfera filosófica y pensante. Y cuando esta atmósfera no se queda sólo en eso, puede adquirirse un aliento casi poemático o tal vez crear un aforismo. Esto acontece en la crónica, en alguna reseña, que como señaló Roth, el austriaco, es la tarea más prescindible del periodismo. Y si ambas se reúnen, el ensayo mirará su propia aparición. En cierta forma el libro de Martel es un libro de ensayos en el sentido original: el señor de la montaña está presente.
El autor moderno es un lector necesariamente. Nunca pretende sujetarse a alguna de las formas que ahora exigen —algunos editores torpes—, para la creación de un libro, de un poemario. Aunque ahora estos volúmenes de varia invención solo acontecen con obras póstumas. Se puede pensar en libros como obras de un editor. El autor moderno es un lector, es también un editor. Piensa su libro desde la amplitud y apertura, sin que el género lo aprisione. Para fortuna de muchos, El aria de Giacomo (EyC-Cecap, 2012) de Mario Martell aparece como aire fresco y divertimento de nuestras letras.
Crónicas, reseñas, aforismos, reflexiones, conforman el breve, que no pequeño volumen, donde el autor aprovecha sus actividades periodísticas y de acucioso lector para internarse en la persecución constructiva del lenguaje: El autor se libera en El Aria… de los trazos periodísticos que alejan al periodismo de la literatura, sabe que su interés es crear literatura y no otra cosa, con Paz puede afirmarse que nuestra mala literatura, no es casi literatura, es crónica periodística …  Cine, poesía, filosofía, transfigurados en relatos que por momentos dibujan su propia historia, intelectual, dirían algunos, aunque en el caso de Martell, es sólo su experiencia vivencial ligada a sus inclinaciones, que convierte en un registro autobiográfico sus escritos.
Su origen veracruzano y su andar poblano se hallan entrecruzados en sus escritos. Asimismo, ciertas afinidades, no tanto electivas como “placenteras”, según su propio dicho, discurren en entre reflexiones, donde éstas aparecen por igual sobre poetas, narradores o pensadores, por eso no resulta raro tropezar con Ramón Rodríguez o Borges, Sergio Pitol, Monsiváis o un fácilmente descubierto, entre el sueño y la vigilia, escritor del crack poblano, que inflexiones sobre Mafessoli, Descartes, Leibniz, Nietzsche o Vatimmo conviviendo con la “mala metafísica” de Agustín Lara o José José.
El autor respira fragmentariamente, moderno, diríamos ad hoc, para poder expresar sus dudas, críticas e ironías, sin perder el sentido del fragmentario, pues al final toda El aria… parece provocar una obra mayor. El carácter fragmentario sólo se cumple si el lector, expectativa borgiana, sabe que detrás de cada texto puede adivinarse una historia, otra historia mayor y quizá completa. Sin embargo, el libro se cumple así mismo.
El censor o ¿deberíamos llamar de otra manera al autor? Martell piensa y realiza con sosiego el escrutinio de sus textos, cada uno de ellos presenta un mundo que completan uno solo y que es justo el del autor. Asimismo, está convencido de su papel de bufón y trata de encontrarse en él para “dinamitar el puente” o tal vez sólo para no condicionar su propia condición escritural. O más allá de estas banales consideraciones está pensando en prohibir la metafísica aristotélica (que sospecho, conoce a través de la versión de escolástica leída en el patio de algún convento) para no perder la pasión del asombro frente al mundo que tiene al frente, pues no desconoce que la prohibición y sus funciones, en este extraño mundo, lleno de banalidades, es la invitación y ésta sólo surge efecto a través de una lógica inversa, como Bart S. lo enuncia.
Este breve volumen, —del que debemos celebrar la aguda visión de los editores— descubre una mirada fresca de un lector de poesía o más bien pudiéramos pensar en la poética, pues Martell parece no dejar descansar el arte constructivo antes que el aire sensible que da la diosa blanca. La inteligencia del autor —cordobesa y por tanto Cuestiana— deja poco lugar a otras visiones estéticas y por supuesto nos deja la duda, la razonable duda, de que detrás de su voz siempre hay la de otro censor u otro bufón, que indudablemente sabemos quién es.


http://parentesisplus.com/2014/08/09/censor-o-bufon-la-frescura-de-martell/ 

viernes, junio 12, 2015



Escribe Roger Bartra en su libro El duelo de los ángeles: locura sublime, tedio, y melancolía en el pensamiento moderno:

¿Qué personajes, qué carácter puede sobrevivir en este mundo gris sometido a un destino trágico, donde la sociedad vuelve inútil toda elección y dónde la naturaleza está de duelo? Como un experimento, me gustaría traer aquí a un personaje que fue emplazado por Benjamin en el centro de la vida moderna: el flaneur, una creación de la ciudad de París. Este personaje nace en el laberinto urbano y crece como incansable paseante que se hunde en el orden moderno con un comportamiento, errático, contingente y azaroso. El flaneur sabe enfrentar el destino aciago con la incertidumbre de su andar sin finalidad precisa y sin sentido, pero contemplando con curiosidad insaciable los ambientes y los edificios. Y sin embargo, cree Benjamin, el paseante se comporta como la mercancía en la sociedad capitalista: "El laberinto es el camino correcto para aquellos que de todas formas llegan con tiempo suficiente a su destino. Ese destino es el mercado"
El flaneur encuentra en sus paseos - escribe Bartra- la manera de escapar del tedio y del spleen .. " (131-132)

sábado, mayo 11, 2013

Presentación de libro el Aria de giacomo







Fotografía por: Sayra Cruz Carreón
 
Publicado en Sala de Prensa

Por: Lizbeth Lanche


El escritor Mario Martell presentó su libro Aria de Giacomo, como parte de la Feria Cultural “Construyendo tu realidad”, organizada por los alumnos de la Facultad de Comunicación de la BUAP. Por su parte, el también periodista mencionó que escribe literatura porque tiene que ver mucho más con la realidad y la comunicación, que los mismos medios de información.
Por otro lado, Martell también menciono que todos pueden formar una realidad al escribir, ya sea contando historias de los lugares que han visitado o son parte de su vida, y así, al plasmarla en un escrito, aquella persona que la lea pueda vivir y sentir esa misma sensación, emoción, sentimiento o experiencia.
En ese sentido, dijo que la escritura de crónicas es sumamente interesante ya que con ella se construye un mecanismo interpretativo, que a su vez, además de ser enriquecedor, necesitan las élites de la sociedad porque muestran otra perspectiva de la normal, que muchas veces no llegan a conocer a fondo.
Finalmente, cabe mencionar que la presentación terminó con una serie de preguntas y respuestas del público presente en el Complejo Cultural Universitario de la BUAP, Martell hizo una atenta invitación a leer y escribir más para formar un estilo propio en los futuros profesionistas que alberga la Facultad de Comunicación de la máxima casa de estudios del Estado de Puebla.


sábado, mayo 04, 2013

El Aria de Giacomo Lugar de Encuentro por Judith Castañeda






Comparto esta entrada de la página de Profética sobre la presentación del aria de Giacomo, escrito por la narradora Judith Castañeda.


No se trata sólo de páginas a veces más blancas, a veces tendientes al color arena, cargadas de tinta, de ideas confusas, lineales o sencillas. Un libro es más que el objeto físico. Y por extensión, la escritura se vuelve un cuarto al que llegan autor y lectores, un sitio de diálogo no sólo entre personas vivas o entre vivos y muertos, como escuché de Enrique Serna en una charla a principios de febrero, en un encuentro de narrativa en Tlaxcala. La literatura, los libros, son también un punto de encuentro entre géneros.
Y en este encuentro muchas veces las fronteras se difuminan. Acerca de una de esas líneas borrosas hablaron el pasado 21 de febrero Yussel Dardón, Jaime Mesa y Álvaro Hernández durante la presentación del libro El aria de Giacomo, de Mario Martell Contreras. Publicado por Ediciones de Educación y Cultura a finales del 2012, el volumen de 150 páginas y formato pequeño fue también un punto de reunión entre compañeros de trabajo del diario Intolerancia.
¿Dónde podemos encontrar la división entre periodismo y literatura, entre ficción y no ficción?, preguntaron al otro lado del micrófono. Creo que en una hay o puede haber mucho de la otra: un cuento o una novela que toma como punto de partida las noticias del diario, una historia de ficción donde se intercalan notas periodísticas reales a la trama, un reportaje en el que el autor cuelga metáforas o se constituye en el narrador en primera persona que va entregando los acontecimientos, las impresiones. Y entonces recordé que en presentaciones anteriores comentarios de quienes en ese momento ocupaban la mesa, del público, también abordaron la dificultad para mantener separados ambos géneros. Y creo que la duda puede seguir, pues mientras algunos autores tienen clara la línea divisoria, habrá quienes, en un mismo párrafo, en un mismo texto, vayan de la creación literaria a la “literatura bajo presión”, como calificaron al periodismo desde la mesa, casi sin darse cuenta.

Álvaro Hernández, Mario Martell y Jaime Mesa (foto tomada del sitio de la libreria profética)
Supongo que no distinguir la frontera entre géneros es una posible causa de esos libros híbridos, por así llamarlos –aunque no la única, por supuesto; el autor también puede tener la intención de combinar periodismo y literatura, poesía y ensayo, filosofía y narrativa… Al micrófono mencionaron a Truman Capote, su obra A sangre fría, compuesta por entrevistas y trabajo de investigación en torno a una noticia aparecida en noviembre de 1959 en el New York Times, acerca del asesinato de los cuatro miembros de una familia en Holcomb, un pueblo de Kansas. Desde el principio, la meta del autor estadounidense fue escribir lo que se conoce como una novela de no–ficción, inaugurando dicho género (género que, por otro lado, tal vez no sea por completo posible: Truman Capote, al no presenciar los hechos, debió imaginar algún fragmento).
En el caso de El aria de Giacomo se conjuntan la narrativa y el periodismo para formar una “crónica general” llena de poesía, música, filosofía, sociología, como escribe Jaime Mesa en la cuarta de forros.


Y para ilustrar un poco esta unión entre géneros, el autor nacido en 1970 en Córdoba Veracruz, leyó uno de los primeros textos que conforman el libro, “El cronista como bufón” –“Intercala (el cronista, bufón de la corte) sus sombríos pasos en esa zona de tránsito que es la escritura”–. “¿Cuántas veces el discurso es siempre el mismo pero el cronista necesita reinventarlo?”, dice un párrafo más adelante.
Esa pregunta contiene otro aspecto de la creación, de la escritura: la mirada del autor. Una frase escrita con idéntica redacción es distinta. “Cerró la puerta”: mientras en la primera el picaporte es dorado y circular, en la segunda hay una manija plateada, el que la cerró lo hizo rodeando la perilla con ambas manos, con una sola. En contraposición a esto se encuentra el hecho de que posiblemente ya todo esté narrado. Entonces ¿qué falta por decir? La respuesta, o por lo menos eso creo, también se encuentra en la mirada del escritor, quien debe localizar un rincón inexplorado, buscar una variante, adicionar algo que vuelva nuevo un tema tratado por una o varias plumas a lo largo del tiempo.
Hojeando las últimas páginas del libro, me llama la atención una frase que no se me había ocurrido: “La escritura es una doble ausencia, cuando se escribe el lector no está con el escritor, entendida en un sentido de terapia nos coloca a solas frente al texto”. Y en cierta manera es verdad; cuando el lector llega el escritor se ha retirado, dejando nada más su texto, además, tanto la lectura como la escritura son actos solitarios, ¿quién no ha cerrado la libreta o el libro cuando otro se asoma sobre su hombro para ver qué escribe, qué está leyendo?
Junto a esto, otras reflexiones acerca del libro, de la lectura (“El libro es sagrado y alado… El lector explora todas las formas de vida inscritas en el libro”), instantáneas en las que un autor  es asediado por lectores y prensa después de una conferencia sobre David Alfaro Siqueiros en el museo Amparo, paseos por Profética (“Siempre vale la pena perderse en la librería Profética, imán de bebedores de café, de bloggers desquiciados”), conviven para hacer de El aria de Giacomo un volumen tan diverso como las visiones acerca de la escritura, como la propia creación literaria.

miércoles, abril 24, 2013

El Aria de Giacomo


Esta entrevista sobre el libro el aria de Giacomo se publicó en la Jornada de Oriente el pasado 19 de febrero



El aria de Giacomo, un libro para interpretar los momentos vitales desde la literatura

Por : Paula Carrizosa
2013-02-19 04:00:00
El aria de Giacomo describió su autor Mario Martell, es un libro de apuntes sobre diversos temas, lecturas, viajes, de encuentros estéticos con personajes como el escritor Sergio Pitol, de memorias, de textos líricos, ensayísticos, periodísticos y narrativos, que buscan provocar un ejercicio en el lector, que es el interpretar los momentos vitales desde la literatura.
El periodista platicó con La Jornada de Oriente sobre la edición de su primer libro en el que reúne una colección de textos trabajados desde hace unos 10 años, que están escritos en diversos géneros literarios ya que la propuesta es “aspirar a una literatura crítica, reflexiva y basada en la libertad, no como un capricho sino como ejercicio creativo”.
Publicado por Ediciones de Educación y Cultura, y el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, el volumen será presentado el próximo jueves 21 de febrero a las 19 horas en Profética, casa de lectura, con los comentarios del editor Jaime Mesa.
El aria de Giacomo, dijo, parte de la idea de juntar en un mismo libro textos narrativos con otros que son reflexivos, como aforismos y ensayos, éstos últimos alejados de lo académico pues tienen la respiración de lo literario.
Uno de éstos, es aquel dedicado a Sergio Pitol titulado El lenguaje de un escritor que escribió con motivo de la entrega del Premio Cervantes (2005), en el que se recupera y narra el paseo que hizo el escritor por la ciudad de Córdova tras su regreso de Europa del Este –en donde permaneció por casi 30 años–, visitando algunas de las librerías en las que buscaba, precisamente, su obra.
“Para Pitol, la escritura no es simplemente un acto de redacción: sentarse frente a una computadora y hacer cómplice a una máquina de escribir de algún secreto o confesión… Ante todo la escritura es un diálogo que mantiene un escritor para escrutarse a sí mismo”, escribe en el texto.
La variedad de géneros, explicó Mario Martell, llevan a construir un libro que tiene experiencias mediadas por la literatura, con géneros que dialogan entre sí y se complementan.
En particular El aria de Giacomo es un esfuerzo propio de escritura que persigue dos o tres intuiciones. Inicialmente, explicó, trató de publicar algunos poemas de un “poeta inédito” que se basan en una musicalidad, en un fraseo que se repite a lo largo del texto y que echa mano de distintos ritmos para construir una experiencia integral.
“No se restringe a un género, en ese sentido sería como un disco de varios ritmos, que surge como una experiencia híbrida”, señaló.
Sobre si podría considerársele en un libro de ciudad, consideró que “la literatura en la modernidad está radicalmente ligada a las urbes en donde los narradores son como peatones que tienen experiencia en el andar, con la que establecen conexiones”.
Acotó que actualmente, Puebla está viviendo una “primavera literaria” ya que cuenta con autores que están siendo reconocidos en diversos niveles, a la par de que son prolíficos.
Por último, Martell consideró que el libro también establece un diálogo entre la filosofía y la literatura, dos áreas escindidas en donde la primera “se tecnificó y la otra se convirtió en un islote”.
Escribir este libro, acotó, fue el resultado de varias experiencias: del programador, del cronista, del estudiante de filosofía y literatura, que refuerzan la idea de la función del escritor la cual “no es expresarse sino dialogar desde ciertas coordenadas de la cultura con los lectores”.
Destaca que Martell, también autor de la plaquete de poemas El árbol (1999), presentará, para el mes de abril, este libro en la Feria del libro de Los Ángeles.