sábado, enero 17, 2004

Va de nuevo Smith
Ahí se encontraba de nuevo, a un costado, en uno de los espacios donde la mirada obsesiva de la TelePantalla no podía llegar. Entonces, —relata la novela— Winston Smith hizo lo que estaba aguardando desde varios días atrás azuzado por el hueco destinado a guardar libros que lo sacaba del campo visual de la TelePantalla. Todo había empezado como un juego: sacar de su mesa una botella de tinta, un manguillo de acero y una libreta con un forro estilo de mármol y lomo rojo. De ahí, había hecho lo que había pensado con antelación borrosamente, lo que lejanamente había intuido: trasladar su monólogo de conciencia a las amarillentas hojas de la libreta que había comprado en el mercado negro.
Relata la novela que no fue sólo la distribución de la habitación lo que indujo a Winston a escribir su diario sino también el papel cremoso y liso del cuaderno, la vejez del objeto y la manera en qué lo había encontrado en la tienda de una zona miserable de la ciudad entre objetos inservibles.
El deseo de poseerlo lo abrumó.
Y en el momento de comprarlo no supo para que lo quería.
....
La cirugía sobre el texto había sido insistente. Lo había escrito de tantas maneras, había regresado una y otra vez al texto, lo había desgranado del párrafo a la palabra, había omitido frases enteras que un principio le parecieron generosas, explicativas y contundentes; había añadido cláusulas ahí donde el único modo de decirlo había sido colocar esas prótesis; las amputaciones no habían sido dolorosas servían al propósito objetivo de evitar cualquier trazo cosmético, y encapsular aquello inutilizable. Se había anestesiado con música electrónica, luego con la banda sonora de una trilogía cinematográfica de un autor polaco y había dejado que las cosas se acomodaran, que lo leído se asentara, en esa zona de placidez, se distendiera para dejar el paso a la oxigenación, a los sedantes, a la desescritura.
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Había escrito hace más de un año en la soledad de su oficina. “Su rebelión inicia en la escritura cuando escribe la fecha 4 de abril de 1984 pero este acontecimiento culmina cuando en su locura visita a O´Brien, un camarada del partido interior quien primero lo seut Caracas, her mythical line of mountains obscuring or filtering the sea. He had only lived there a total of seven years, divided into various seasons throughout different zones of the valley metropolis.


II

They parked the car at a Cada supermarket in La Florida, walked several blocks to a por puesto van stop and rode along an avenue into el Centro. They reached the DIEX building after crossing a thick morning street near the former Universidad Central and Biblioteca Nacional building, crowds of buhoneros setting up their low tables and stands under tarps along the sidewalk, under the sculpted white facade of the walls, closed wooden window shutters. Crossing the street he watched an ancient tree jutting from the street, its lower trunk painted white as it intersected the crosswalk, diverting traffic into two lanes of metal. He was trying to write the book of that city he was also trying to leave. It seemed heavy prose crowded his talent as a reader of fictions and a minimalist tendency eroded his stanzas. Or was he imagining the city again?

The doctors at the DIEX were multiple and for the most part blessedly reasonable and responsive. Having expected talibanes grinning at his U.S. passport, what actually ensued were hours of nervous, patient, humbling waiting under dull lights in dilapidated office clusters on three different floors. Following one doctor to another's office, leading finally to the doctor in charge of managing Venezuela's borders. During these hours, he had noticed the dozens of lines for various documents throughout the building, permits and approval stamps at a stand-still pace ("I had not thought death had undone so many."). Eventually, their explanations and waiting were fruitful, and the doctors reached an agreement, granting them a temporary permit to leave the country anytime within the next week.

III

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ose who have betrayed the ideal of fair competition. You have to be more hopeful and growth-oriented than your oppon
Va de nuevo Smith
Ahí se encontraba de nuevo, a un costado, en uno de los espacios donde la mirada obsesiva de la TelePantalla no podía llegar. Entonces, —relata la novela— Winston Smith hizo lo que estaba aguardando desde varios días atrás azuzado por el hueco destinado a guardar libros que lo sacaba del campo visual de la TelePantalla. Todo había empezado como un juego: sacar de su mesa una botella de tinta, un manguillo de acero y una libreta con un forro estilo de mármol y lomo rojo. De ahí, había hecho lo que había pensado con antelación borrosamente, lo que lejanamente había intuido: trasladar su monólogo de conciencia a las amarillentas hojas de la libreta que había comprado en el mercado negro.
Relata la novela que no fue sólo la distribución de la habitación lo que indujo a Winston a escribir su diario sino también el papel cremoso y liso del cuaderno, la vejez del objeto y la manera en qué lo había encontrado en la tienda de una zona miserable de la ciudad entre objetos inservibles.
El deseo de poseerlo lo abrumó.
Y en el momento de comprarlo no supo para que lo quería.
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La cirugía sobre el texto había sido insistente. Lo había escrito de tantas maneras, había regresado una y otra vez al texto, lo había desgranado del párrafo a la palabra, había omitido frases enteras que un principio le parecieron generosas, explicativas y contundentes; había añadido cláusulas ahí donde el único modo de decirlo había sido colocar esas prótesis; las amputaciones no habían sido dolorosas servían al propósito objetivo de evitar cualquier trazo cosmético, y encapsular aquello inutilizable. Se había anestesiado con música electrónica, luego con la banda sonora de una trilogía cinematográfica de un autor polaco y había dejado que las cosas se acomodaran, que lo leído se asentara, en esa zona de placidez, se distendiera para dejar el paso a la oxigenación, a los sedantes, a la desescritura.
....
Había escrito hace más de un año en la soledad de su oficina. “Su rebelión inicia en la escritura cuando escribe la fecha 4 de abril de 1984 pero este acontecimiento culmina cuando en su locura visita a O´Brien, un camarada del partido interior quien primero lo seduce elogiando su capacidad para dar giros inéditos del a los documentos que Smith redacta en novlingua, y luego, lo purifica de su ideadelito en la habitación 101. Esa visita a O´Brien lo descubre en su deseo de rebelión. Smith únicamente concibe la rebelión orquestada por un líder, por una doctrina y una organización. Esa, es una concepción positivista de lo acrático porque al delimitarlo lo derrota. Eso, es lo falsamente acrático.”
Pero en esos párrafos no estaba el campo de futbol terregoso, ni la sensación de que todo lo que estaba ahí podía construir un video, un video de la gente que jugaba futbol una tarde en la que todo el mundo trabajaba, ni la caligrafía de la rodada de las bicicleta en la media cancha, tampoco los cachorros de hienas desatadas que perseguían a sus víctimas jugando encantados, ni el balón que del manchón de penalty, es decir, ahí donde debía estar un manchón de penalty, y partía pateado por una pierna morena —joven pero que seguramente sería varicosa— mientras el portero esperaba atajar el lance, ni el paso del tren a unos metros de las casas de los paracaidistas. Y ahora se preguntaba si en aquella tarde mientras leía la novela de Orwell tirado en ese escenario le había prestado realmente a la lectura la concentración necesaria y si aquellos subrayados de la sección de la novela que había trazado con sincera emoción —así lo había recordado durante varios años cada vez que se sentía impelido a escribir sobre el asunto, a reencontrarse con el guión esperado que no ha escrito—no habían sido más que una ilusión provocada por la calidez de la tarde y otros recuerdos menos gratos.
...
Alguna vez también había mirado un programa de televisión sobre Orwell, lo había atrapado —y no sabía porqué pero era un punzante recuerdo— la soledad con la que Orwell ya enfermo había escrito 1984 en una casa de la campiña irlandesa. ¿Irlandesa? ¿Británica? No era la tranquilidad de la cabaña donde Martín Heiddeger pasaba días enteros escribiendo “Ser y Tiempo.” Era más parecida a los desnudos cuartos donde Wittgenstein daba vueltas hasta topar con el hilo para desenmadejar las hebras atoradas de “Principia Matemática”. Poseía la intimidad de la habitación que Charrington le había rentado a Winston Smith en algún barrio pobre pero era seca y fría como el departamento de Smith en las Mansiones Victoria .
Un diario es más que un bloque de notas.
Winston Smith anotaba en su diario: “Si hay alguna esperanza está en los proles.” Para algunos la anotación de esta frase iniciaba ya la rebelión, colocar en el papel viejo esta concatenación de signos, haber garrapeteado de su propio puño y letra que los proles eran el futuro alimentaba su “ideadelito.”
Esto ya era otra cosa. Había empezado como una relatroría, como un encuentro casual, como un bloque de similitudes y ahora se encontraba con que lo que había escrito sobre la novela le parecía o demasiado cauteloso o simplemente cuadrado y temía pasar de un juicio sobre el texto a un juicio sobre él mismo, y así había inconcluido varias historias, dejado truncos algunos poemas y anestesiado amistades y proyectos.
El nivel de exigencia lo había rebasado, ahí dónde sólo había que colocar algunas comas.
....
La novela de Orwell da pocos detalles .


1984

La novlingua no guarda lugar para los idiomas,
como la prensa y los media no guardan
sitio para la escritura.
Jean-Francois Lyotard


Mientras Winston Smith piensa que los mejores libros son los que nos dicen lo que ya sabemos Julia sube la escalera al cuarto que el señor Charrington les renta; Smith percibe la tibieza del aire, se acomoda para leer y escucha cantar a una gorda caderona que tiende su ropa.
El libro ha sido hojeado por muchas manos. Winston le comenta a Julia que los miembros de la Hermandad deben leer. Ella no le presta mucha atención cuando él lo lee en voz alta, es más la lectura la adormece, ella, semidesnuda, queda dormida a su lado, en esa cama donde saltan las chinches después de hacer el amor hasta que las botas militares despiertan a los amantes.

El diario
Winston Smith anota en su diario: “Si hay alguna esperanza está en los proles”. Su rebelión inicia en la escritura solitaria de su diario cuando escribe la fecha de su primera confesión en su cuaderno de lomo rojo: “4 de abril de 1984”. Este acontecimiento que abre las puertas al ideadelito culmina cuando visita a O´Brien, un camarada del Partido Interior quien primero lo seduce con elogios sobre sus capacidad para redactar documentos en novlingua y luego lo limpia de su ideadelito en la Sala 101.
En su impulso por rebelarse Smith acude a la casa de O´Brien y ahí en la búsqueda de la conspiración de Goldstein le descubre a O´Brien su deseo de rebelarse. Rebelión que únicamente concibe dirigida por una organización clandestina: la Hermandad. Lo delata su forma positivistas de concebir la rebelión.
Para Winston Smith la rebelión sólo es posible cuando se conoce la doctrina de la Hermandad. El acto de buscar a O´Brien lo aparta de la rebelión y lo consagra para la Hermandad, que con su doctrina, su ideario y sus líderes, es la institución de la rebeldía. Se trata de una concepción positivista de la rebeldía, de una rebeldía institucionalizada — los ejemplos de cómo el poder se rearticula para absorber la rebeldía ante el “poder” son numerosos — ávida de la bendición del poder para sentirse legitimada como un “margen del poder”. Esto, cuando logra su cometido es lo “falsamente acrático”.
Winston Smith necesita adeptos para su rebelión positivista, por eso le pide a Julia que lo acompañe a casa de O´Brien, y una vez que el integrante del Partido Interior le entrega el libro, se siente a las puertas de la revuelta.
Smith le reprocha a Julia, su amante, su indiferencia ante la rebelión con la que él sueña: “Tú sólo eres una rebelde de la cintura para abajo”. Le responde Julia a los discursos de Smith sobre el socing, la novlingua y la mutabilidad del pasado. A Julia sólo le interesa lo que pueda pasar entre Smith y ella, pero a él hacer el amor no es un acto político ya que cree que el acto depende no del acto mismo sino de los efectos de su acción.

Ya al final de la novela, el proyecto de rebelión de Winston Smith se ha convertido en una pesadilla. Su deseo de rebelión ha parado en amor al Gran Hermano: “Amo al Gran Hermano” repite Smith en el Café del Nogal donde arrastra las piezas de un vetusto ajedrez sobre los escaques. ¿Qué ha sucedido? ¿Cómo traicionó a Julia? ¿Por qué O´Brien logró la purificación de Smith? Quizás la respuesta pueda hallarse en cómo percibe Smith a los demás. Educado en la lógica de individualización, el tránsito del odio al amor es una consecuencia necesaria.

domingo, enero 04, 2004

Con dificultad pudo atravesar la ciudad. Había pasado la tarde caminando, hormando los nuevos zapatos azules que había comprado para sustituir sus botas cómodas, apestosas, que le habían servido durante todo el año anterior. Ahora, pasaba de una idea a otra, de un acto de conciencia al siguiente, y aunque todos ellos eran sumamente distintos, conforme tomaban forma, conforme se hacían visibles a través de alguna conversación, de una secuencia uniforme de gestos, o del cambio, eso era, de estado de ánimo, en esa medida, se sentía pleno de sí, constituido por una verdad: la de él mismo recorriendo la ciudad esa tarde soleada de domingo. Podía argumentar con honestidad que él era él mismo. Que él, a pesar de lo disimbolo de cada estado de ánimo. Del tránsito efímero de la alegría al error, del ingreso al foro del desánimo para regresar debido a algún leve brote de alegría que de mantenerlo en vilo frente a su estado de ánimo actual lo angustiaba para cederle el control a la alegría operada por el juego de sombras en la calle, o por el recuerdo,y de eso también podía estar por completo seguro, que emergía y lo despojaba de todo desaliento para dejarlo varado en la orilla de la alegría. ¿Cómo podían -pensó- esos estados de ánimo dispares constituir una persona? Estaba seguro que él era él mismo. Y esto era un dato inmediato: No, no lo era, era algo que podía inferir, algo que podía saber. Pero no. No era ya él. El ser el mismo era algo a lo que se había simplemente acostumbrado. Un asunto de economía.
Lo escribía porque lo había leído: él era una historia. La trama de un tejido que al deshilarlo no queda nada.
...
También lo había hecho hace algunos días en otra ciudad, en otro clima, en Córdoba. Poderosamente lo había atraído esa atm+osfera tibia, semilenta, a punto de caer en el sueño pero que con una dosis invisible de tensión lo mantenía en la vigilia. Ahí, en el Zócalo de la ciudad -donde las palmeras crecian ahora igual que en las postales viejas que había mirado en su infancia y vigilaban desde su altura la tranquilidad de la ciudad- mientras el sol boceteaba sus sombras con la agilidad de un cotidiano visitante, con el trazo deshinibido de un habilidoso dibujante marcaba la zona luminoso de su contraparte sombría.
Ese umbral era el de un nuevo año que empezaba.
Y eso, si bien era una convención social: era también el indicio de una oportunidad para cambiar su vida.
...



viernes, diciembre 05, 2003

Who can it be now?
Nadie puede conservar su soledad sino puede hacerse odioso
SILOGISMOS DE LA AMARGURA.E. Cioran
www.biowriting.com
Había guardado el disco compacto de "Men at Work" en el estuche de "The very best of Sting & The Police", pero contrastado con el cuarteto de videos que había terminado de mirar durante el día, la vida le pareció más allá que una triste cita de Cioran.
Por ejemplo, al mirar Trainspoiting, homónima de la novela de Irving Welsh, de una manera imprecisa había ocupado un territorio que lo hacía sentir cómodo con su desgano. El hurto del dinero al final de la película no lo catalogó como un acto inmoral; aunque el protagonista afirmaba que era injustificable robarle a sus amigos dieciséis mil libras, la historia de las estupideces de sus compañeros de juerga le daba un sentido moral a ese hurto.
Recorrió la pantalla de la computadora hasta un punto en el que lo sacó de quicio la transparencia del rasgueo en Tears From de Sun. Por un momento percibió la pesadez que sentía esa mañana como una ilusión, o más bien, era una ilusión porque no le pertenecía a él sino a otra persona.
El mono de Trainspotting en su visita a Tommy, un amigo adicto, iniciado por el quite de su novia, compara la heroína superior al sexo. Sentencia que dar un buen consejo filosófico es inevitable cuando uno no es el que está en problemas.
Entonces,todo giraba en salir de si mismo y mirarse desde fuera.

La pesadez también la había sentido en la mirada. O al mirar el impotente libro de Cioran. Impotente por su delgadez, y la opresión de sus aforismos, "Si creyera en Dios, mi fatuidad no tendría límites, me pasearía desnudo por las calles...". No era precisamente eso, lo que hacía en sus Silogismos de la Amargura, pasearse desnudo ante los ojos de sus lectores, con una fatuidad incubada por quien sabe que divinidad posmoderna.
Ahora se preparaba para sobrevivir. Apenas tocaba una palabra, la convertía en una piedra.

Hacía dos tardes que se había propuesto cumplir sus promesas de escritura, según indicaba la libreta scribe adquirida un año atrás apenas horas antes de la cena navideña, todos sus proyectos eran un buen deseo. El cuento, de un chavo que en la encrucijada de la duda sobre la resurrección al caminar sobre la Calle San Pablo se pierde hasta el delirio mirando "Lecciones de Tango" de Sally Potter, película que le agrada bastante a pesar de su rechazo natural a los musicales. O el cuento sobre el peluquero que encuentra al cambiar los forros de sus sillones en su salón, que el relleno sobre el que descansan sus clientes, es el periódico del inicio de la Segunda Guerra Mundial. También, en otra historia, en una joyería, Claudia y sus relojes mientras realiza su tesis de Arqueología. Obvia relación: Claudia vende los relojes de su familia, porque ama lo antiguo, aunque aquí no estaría reconstruyendo una vasija, ni midiendo los niveles de profundidad de un entierro, sino ofertando esas miniaturas sintomáticas de nuestro paso a la edad moderna.

A Claudia la había conocido en casa de Verónica. Ella había transitado del ayuno de lecturas a la glotonería de fotocopias, apuntes, y libros de flamígera hermeneútica. La creencia de Verónica se situaba en este flujo de admiración, inconcebible la conversión violenta, la saturación de textos, y las prácticas de campo donde el alcohol es rey todopoderoso y el sleeping bag es un dragón cualquiera para el sueño.
Ahora había regresado de su tour inestable como arqueóloga, la ofuscaba la mudanza de la joyería, a un espacio rígido, diminuto, enfrente del puesto de periódicos, al alcance del semáforo.
La saturación de ideas, oraciones, frases, conceptos que la habían sometido en la etapa inicial de sus lecturas estorbaban de nuevo su mirada, los autos esperando el siguiente parpadeo del semáforo, o la coronación del siga en la procesión de mamás cruzando con sus niños la calle. Este enfrentamiento con la rutina, podía ensimismarla y hacerla, a su vez, cruzar de la atención a un cliente que deseaba para su esposa, un dije para celebrar esos años de matrimonio, al levantamiento topográfico de un sitio ceremonial. Sin embargo, la sensación de estos pasajes, rompía, la higiénica estructura de los mostradores, anillos,y collares que más de una vez eran el repertorio de sus recuerdos en la visita a museos, en la luminosidad de las láminas de amplios libros, en la catalogación y descripción de piezas que escapaban a las taxonomías clásicas. Por eso recibió con mesura la analogía entre los hamsters de su hermano, y los relojes, entre ambos, escuchó mediaba una distinción evolutiva, y los hamsters serían como último recurso unos benevolentes mobots, o los precursores de una sociedad artesanal.
Claudia escuchó con atención como los mobots -robots móviles- podían convertirse en entes de una sociedad siguiendo los juegos de un líder. No era el caso, discutir cuales artefactos eran más inteligentes, si los ariscos mobots, los hamsters afamados por su ternura, o los relojes. A estos tres héroes, les cruzaba un parecido mecánico. Resortes, carnes, huesos, circuitos. Domadores del tiempo, los relojes, iconos de la apuración y la modernidad; Robespierres de la conciencia o extensiones del super-yo. Los hamsters, más bien, forasteros de bolsillo, cojines de rechinido automático, o rasuradoras inservibles. Los mobots, a los cuales nunca había visto,los imaginaba una genuina dislocación de los relojes y las joyas. Precisos y hermosos.

El sabía cuan de moda se había puesto Cioran, creyente en Bach como sustituto musical de lo divino. No epifanía sino sustancia.
Invocaba el hurto de Trainspoitting, en la diminuta joyería de Claudia, una escaptoria del desgano, y como el mono de la película, consideraba superior una adicción química, leer, a convertirse en un mobot de la escritura.




Uno
...........
Todo ha sido una completa inutilidad. Verdaderamente se descubre por oposición binaria cuán fría es una habitación..
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La única manera
legítima de vivir
es reciclando el pasado.
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La Aventura sin
riesgo no es
como Disneylandia
es como una Sopa Maruchan
comprada en un centro comercial de lujo.
..
Hoy entré a una librería: tomé un par de libros. “Voy a transgredirme, voy a ir en contra de mí.”Por eso me abalancé sobre Rayuela de Córtazar. Pero poco después encontré una antología de cuento de Sergio Pitol..
No he pagado la renta. Los abandoné por el clásico de Douglas Coupland X Gen..
...
Es más bien como un tributo al placer domesticado.
La aventura sin riesgo
se compra en el Oxxo de la esquina.
....
No vale la pena pelearse por nada..
Espero k no sea demasiado tarde para esto.
...
Uno es más aburrido de lo que uno se imagina. Y más cuando uno no tiene televisión, la versión de messenger caducó y te cortaron el teléfono..
...
¿Es posible que exista un outsider pop?
..
Dagging: una nueva palabra significa contar tus penas a las tres de la mañana gracias a que escuchas música de tus tiempos —o sea obsolescencia total— y llevas un par de odios, un arrebato de bronca, caminar del lugar del coctel al estacionamiento, encontrar que tu coche sigue ahí pero que el estacionamiento ya cerró, querer ser social, y bueno tantas otras cosas..
Dagging: confesión de psicoterapia breve casera a las tres de la mañana. Suele suceder cuando hay alcohol de por medio y se acabaron las cajetillas de Marlboro Light.
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Lo mejor del asunto es que uno después de dos años sigue en el mismo lugar de dónde empezó.
..



martes, diciembre 02, 2003

Im getting fucking sick..
...............
Estuve agotado.
Algo pasó: el lunes entrevisté a Sofia Darbeu...
Fue algo maravilloso el nivel de empatía que se logró en la entrevista.
Desgraciadamente no pude escribirla a la altura de la experiencia de la entrevista.
Este tipo de cosas suelen suceder. Quedar aplastado, rebasado por este cúmulo vivencial..
El lunes me la pasé maravillosamente prendido.
Parécia foquito de navidad en pleno 24.
.Poco a poco he ido disminuyendo..
El martes estuve agotado.. Muerto.. Totalmente cansado. cçon un dolor muscular en mi brazo derecho, cuando fui a comer con Machado al Vegetariano en el centro apenas pedì una ensalada.
Escribi a tientas la entrevsita que en la mañana le hice al nuevo director del Heraldo..

"No hay plazo que no se cumpla" esa frase me encanta y me aterra. Cuando llegué a escribir a Redaccion apenas pude hacerlo.. Al dia siguiente recibi una llamada diciendome que habia cometido varios errores..
Esta semana verdaderamente me he sentido cansado..
...
Me pregunto ¿que propositos para el año siguiente?
Ninguno.. mi respuesta va junto con la pregunta.


prueba

Saludos....